Limpiando baños: el sueño australiano

De rodillas. Fregar aquí. Enjuagar por acá. Raspar el moho de la ducha. Echar el líquido rosado, después el azul, finalizar con el verde. Secar el sudor. Estirar sábana uno, sábana dos, sábana tres. Palmaditas a las almohadas. Correr a la otra habitación. Volver a empezar. Ese, señoras y señores, es un resumen del trabajo que conseguí en esta aventura del sueño australiano.

Algo estaba mirando cuando pensé: “qué será de mi en un mes”. Qué tipo de trabajo, gente y vida me esperaban en esas tierras a 14 horas de distancia de la mía. Traté de no hacerlo, pero es inevitable hacerse una idea de qué trabajo será el encargado de financiar tus viajes y locuras. En mi mente, sin querer queriendo, se pegó la idea de ser barista. Hice un curso de 4 cuatro horas apenas llegué a Sydney y juré que con eso me iban a llover las ofertas. Igual en el fondo de mi corazón supuse que iba a terminar de mesera en algún lugar. Todo esto, obvio, en algún paraíso: playa, montaña de ensueño, ciudad moderna y artística.

Hace cuatro años que quiero venir a Australia. CUATRO AÑOS. Trabajaba en La Tercera cuando conocí a una chica que vendía seguros de salud en la entrada del diario. Como estaba todos los días, terminamos contándonos nuestras vidas. Ella de profesión era profesora de inglés, pero ya saben lo que pasó: sueldo de profesora vs sueldo como vendedora de Colmena, claramente la profesión perdió la batalla. Me dijo que había hecho la Working Holiday acá. En ese momento no sabía mucho, a si que le pregunté usando todas mis armas periodísticas. Lo único que me quedó de esa conversación fue ella diciendo que se dedicó a trabajar como housekeeper (mucama) en un hotel. Aún tengo en mi cabeza lo que pensé: “cómo tan poco jugada ella, sabiendo inglés tan bien y conformándose con ese trabajo de mierda”.

No escupas al cielo dice el dicho.

“Qué será de mi en un mes”, me pregunté cada día antes de venir. La gente a tu alrededor no puede entender el nivel de incertidumbre que carcome por dentro. Saben que te vas y piensan que aquí uno tiene algo asegurado. Culpo de esto a que “todo chile está en Australia”. Los que nos fuimos sabemos de las miles de historias de éxito. Que trabajan en campos rodeados de canguros, que hacen 4 horas de surf cada día y aún así ahorran para viajar 6 meses por el Sudeste Asiático. Y uno teme no estar a la altura. Teme no poder contar esa historia, porque por mucho chilen@ que esté acá, las vivencias son tan diferentes que es como haber llegado todos a países distintos.

Aterricé en Sydney. Saqué trámites y me di instancias para creerme turista. Y es que me saco el sombrero ante el inventor del nombre de la visa. Es lo más certero. Working Holiday. Puede que estés dos, tres semanas sin trabajar, buscando o dándote una pausa, pero jamás son vacaciones. Apenas tu pié toco este país se activa un chip de sobrevivencia. Hay hambruna de trabajo. Se mira un serie pensando en trabajo, se come pensando en trabajo, se despierta pensando en trabajo.

Experimenté un momento donde me sentí la niña símbolo de la visa: con una amiga teníamos planeado a las 12.00 tomar el bus a Palm Cove, una playa en el norte, cerca de Cairns. La parada estaba afuera de nuestro hostal. Quedaban seis minutos, nos pusimos en marcha para ir a tomar el bus y RING. Era mi celular. Me estaban llamando de un trabajo al que estaba a punto de quedar y necesitaban mi carta de referencia AHORA YA, para procesar rápido mi ingreso, ya que era viernes y el fin de semana no había opción. Corrí peor que Forrest Gump. Salté a mi computador y me puse a ESCRIBIR mi carta de recomendación –no me juzguen, ¿ya?. El reloj mostraba que en 3 minutos el bus pasaría. “Dale, Anita, escribe en inglés”. Cuando vi que quedaba 1 minuto todo se puso borroso. Volé a alcanzar el bus y me puse a traducir mientras el paisaje paradisiaco pasaba a escasos metros de distancia. Se está siempre con un pie aquí y otro allá. Disfrutar y trabajar. Trabajar y disfrutar (yo creo que gana este orden).

 

Mi plan era buscar trabajo en Cairns. Me habían contado que a mitades de marzo partía la temporada alta y yo quería hacer mis 88 días para el segundo año inmediatamente. Ni sé si haré el segundo año, pero por si las moscas. Partí con mis 50 kilos de equipaje y cuando aterricé en esa ciudad tropical casi me morí. Salí de aeropuerto y supe que no iba a poder quedarme. Era el infierno. La humedad era brutal. Sentada sudaba como si hubiese corrido 10K (cosa que jamás he hecho). Imaginé estar meses así, en ese horno, siempre con esa sensación de ahogo y me sentí desolada porque tenía este plan de quedarme allí y aún no había engendrado un plan B. Llegué al hostal a –perdón la expresión- hacerle el amor al aire acondicionado por un buen rato hasta que salí a ver a dónde me había ido a meter.

Al tercer día mi cuerpo, no sé cómo, se puso en modo resistencia y mi nivel de sudoración diario se redujo en un 50%, haciendo mi día a día más soportable. Los comentarios era que el tema de trabajo estaba lento. Apliqué los sitios web y pregunté si podía trabajar por acomodación en mi hostal, así podía pasar un par de semanas más relajada. En eso estaba cuando retomé conversaciones con un chileno de mi infancia, esos de la época colegial. Él vive acá hace ya dos años. Un día me mensajeó que una amiga de él le había preguntado si conocía alguna mujer que buscara trabajo en Airlie Beach (como a 10 horas en bus de Cairns). Le dije que sí porque aquí hay que decir a TODO que sí. Después de varios papeleos y un ciclón que me retuvo en Cairns por cinco días más (estuve casi dos semanas allí), terminé llegando a esta ciudad, a vivir a una casa con una pareja y Fiona, la amiga china de mi amigo y a trabajar como housekeeping en un hotel.

Ya saben, hay que balancear los sueños con la realidad.

 

Llevo más de dos meses en Australia y diré que lo que tengo yo ES BUENÍSIMO. Allí me viene a picar ese pensamiento de cuatro años atrás. Es que acá es otro mundo. Uno le pierde el “asco”, el prejuicio, a casi todo. Trabajo es trabajo. Sé que siempre se ha dicho eso, pero en la práctica, ¿ser dishwasher en Chile? ¿ser mucama?, o sea son trabajos de mierda, con condiciones de mierda y con pagos de mierda. Sí, es una mierda. Tengo una amiga que está en una lavandería poniendo sábanas en la lavadora, a veces con turnos de 12 horas, otra que está encerrada en una mina de lunes a viernes sirviendo comida, lavando, atendiendo y cortando verduras 10 horas al día, otro que parte a las 6 am en un bus para irse a una isla a limpiar a una construcción y se devuelve a las 5 de la tarde para ir a hacer otro turno a un restorán. Uno está dispuesto a crucificarse trabajando porque al final del día ¿en qué otro lugar, con una semana y media de trabajo, puedes igualar o superar el sueldo que tenías, en un mes, en tu país?.

La Anita de hace cuatro años sabía nada. Estoy haciendo algo que ni en Narnia se me habría ocurrido hacer y sé que suena como evangelizador pero: jamás me voy a arrepentir del trabajo que tengo y de los que tendré. Aquí uno se mira en el espejo y no entiende en que momento su cuerpo y mente se transformó y es capaz de trabajar 8 horas, con solo media hora de colación, o 10 horas o 12 horas SIN DAR LA VUELTA. Qué es eso de ir a tomar café, de ir a leer el diario al baño, de tener sobremesa. Aquí si se quiere plata, si se quiere hacer surf y recorrer por 6 meses el sudeste asiático hay solo una clave, solo una llave para abrir la puerta a este misterio.

PARA TRIUNFAR EN AUSTRALIA HAY QUE TRABAJAR.

EN LO QUE SEA.

CÓMO SEA.

EN EL HORARIO QUE SEA.

Concluyendo y para no cerrar tan dramáticamente, si bien no tengo mi trabajo de expectativas, sí estoy viviendo en un paraíso tropical. Airlie Beach es una ciudad súper turística, tiene UNA sola calle principal (la recorres en 15 minutos), se llena de gente en busca de sus playas y arrecife de coral. Estoy en un sitio vacacional, por lo que mis días libres cumplen con toda esa fantasía que me prometió el sueño australiano. A si que, ya saben, para disfrutar el holiday, hay que entregarse completito al working.

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2 thoughts on “Limpiando baños: el sueño australiano

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  1. Puro aguante compañera! Yo estoy en las mismas hace mes y medio en Gold Coast! Lenta la pega pero con todas las ganas pa poder ahorrar, conocer nuevas realidades y mover todos los paradigmas (por que esa es la wea, te cuestionai todo).
    Un abrazo

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  2. Wow! Me encantó todo lo que leí y también me sentí identificada porque también lo viví cuando hice la WH en Nueva Zelanda. Ahora volví a Chile para terminar mis estudios pero nadie me saca de la cabeza que quiero volver a viajar y Australia es una gran opción que llama mi atención.
    Saludos, mil abrazos desde Chile y buenas vibras

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