Lisboa: un golpe de Fado

Día 2. Lisboa tiene siete barrios. Cada uno en cada colina. Poco antes de las 11 am llegamos al Barrio Alto donde teníamos reservado un tour gratuito con Sanderman. Necesitaba mi primera dosis de azúcar, a si que antes de partir las casi 3 horas de caminata, fui a comprar un pastel de nata en “A Padaria Portuguesa”, que después descubrí esa una cadena tipo cafetería donde venden todo tipo de deliciosos pasteles.
Mi idea era probar muchos de estos pastelitos –que son los típicos– para que cuando fuéramos a la pastelería de Belem, lugar que engendró su fama, mi paladar pudiera comparar exitosamente. Cuando a dulces se refiere, exijo perfección.

Para TIPS al fondo de la página.
Fotografías de @catachuaqui

Cecilia, la guía, argentina, era extremadamente buena para hablar. Se movía harto. Era entretenida. Muy recomendable. Había pasado una temporada en Brasil, donde aprendió Portugués. Estaba recorriendo Europa cuando vino a Lisboa y dijo que le gustó tanto que hizo los arreglos para vivir allí. Lo vio, le gustó y se quedó. Así de simple, así de instintivo. Ya lleva 4 años.

El tour partió por el centro, después fuimos al barrio Chiado, el bohemio de la zona, lleno de cafés y restoranes. Allí está la biblioteca más antigua del mundo en funcionamiento (la más antigua, que estuvo cerrada hasta el 2017, es una que está en Fez, Marruecos), la librería Bertrand, creada en 1732. Es parte del libro de Record Guinness.

Una de las gracias es que si entras a comprar un libro, te timbran la primera página con el sello de que esta librería es reconocida por Record Guiness. Tentada, me compré el libro “El Desasosiego”, de Fernando Pessoa, famoso poeta portugués, apenas acabó el tour. Era uno de los pocos que tenían traducido al español. Reflexioné sobre la brillante idea de comprar un libro “gordito” cuando aún no estaba ni en la mitad de mi viaje.

Pessoa nos guiñó al salir con su libro de €15 y 425 páginas bajo el brazo. Estaba sentado allí, a un par de metros, en la cafetería A Brasileira con su sombrero y su mano extendida de bronce, inmortalizado en forma de estatua. Con la Cata y otras dos chilenas que conocimos en el tour nos sentamos a pedir “una bica” –taza de café tipo expreso que ya viene con azúcar– y por su puesto, pastelitos de nata. Poseídas por alguna de las personalidades de Pessoa, fuimos en busca del ritmo, sabor, pena y desgarro: el Fado.

 

Mis notas mentales no incluían el Fado. Con la Cata no lo comentamos, pero las dos chilenas querían ir y nos pareció buena idea. Noche, música, vino. Combinación perfecta. Otro de los guías, Vlado, nos dijo que debíamos ir al barrio Alfama a calle La Rua do Remedios para toparnos con un Fado de esos de verdad. Quiero recordar que trasladarse desde un cerro a otro, fácil tarea no es. Pero a esas alturas ya lo asumía como parte del “encanto” de Lisboa (el autoconvencimiento hace maravillas). Solo diré que de los tres días logramos solo un 15% de ubicación (y eso con el GPS del celular).

Tras MUCHAS, DEMASIADAS Y BASTANTES vueltas aterrizamos en la calle. Mis expectativas habían creado un pasaje pequeño, lleno de sillas, mesas, gente al aire libre con músicos cada dos metros. Temí, incluso, verme en un lugar atiborrado, sofocada de “permiso”, “no hay asiento”, “está lleno”, “puede ver parado si quiere”. Pero fue todo lo contrario. Una avenida vacía. El canto de un pájaro a lo lejos.

De a poco los locales se empezaron a asomar con su oferta de Fado. Todos con distintas ofertas, pero con el mismo modus operandi. Lo general es que se pague una cuota que incluya menú y “show” de hora, hora y media. Descartamos algunos hasta que una señora nos convenció. Era uno de los más baratos (€20). Podíamos elegir lo que quisiéramos de la carta, pero no podíamos consumir menos de esa cantidad por persona. Pedimos picoteo: bacalao, camarones, carne, una tabla de quesos y dos sangrías. Contundente.

Me gusta guardar experiencias. Explico: hay momentos en los que se está viviendo algo tan equilibrado, tan perfecto y lleno de emociones le pongo “guardar”. Hay muchas cosas que uno hace y después recuerda pero vagamente. A ciertos momentos les pongo extra esfuerzo para que me quede grabado todo, el olor, qué siente mi piel, el ruido, el sabor de mi boca. Quizá se lee loco, no lo sé, pero es lo hago. Tengo 3 historias que se aparecen en mi cabeza: la sensación de abrazar a un perro huskie en Ushuaia, flotar en el mar de la Bahía Tortuga en las Islas Galápagos y este, estar sentada con el sabor de la sangría en mi boca mientras veo y escucho Fado. Pura magia.

 

Nos gustó el lugar porque era un negocio familiar. Pedro, el papá, animaba y explicaba cómo debe uno actuar ante el Fado. Nos pidió absoluto silencio, que dejáramos la tecnología de lado y que nos permitiéramos sentir cada guitarreo, cada tonada. Jesica era la cantante principal. Tenía unos 18 años y era mitad mulata. Preciosa. Cuando todo comenzó la única iluminación eran velas, y todo el color de la sala, pequeña, de unas 6 mesas, era rojizo. Era como estar en un secreto.

Lo que partió como un escuchar solemne terminó en una especie de fiesta. Una de las hijas estaba de cumpleaños y Pedro estaba feliz. Soplaron las velas, comimos torta y Pedro destapó aguardiente. A cada uno nos dio los shot que quisiéramos y él acompañaba en todos. Mi garganta ardió como nunca antes. A Pedro lo mandaron a acostar, y así, pasada las 2 am, nos fuimos a perder por las tambaleantes colinas.

[Este es el segundo día en Lisboa, para leer el primero, click aquí]

TIPS:

1.- Tomar tour gratuito Sanderman: Se reserva un turno en el sitio web (gratis), le llega un mail con el punto de encuentro y hace un tour por la zona que le interese. Al finalizar le da al guía lo que diga su corazón (recuerden que muchos viven de eso).

2.- Cafetería A Brasileira: Es muy famosa ya que Pessoa, poeta portugués que creó más de 100 escritos bajo distintos nombres, solía sentarse allí a crear alguna nueva personalidad. También es conocido por ser antiguo (1905) y por ser uno de los primeros en servir “bica” (café expreso con azúcar). 120 de Rua Garrett, barrio Chiado.

3.- Fado: El local se llama A Viela Do Fado. Este es un panorama nocturno, usualmente los show parten desde las 20 o 21 horas, dependen del lugar. Demás está decir que lo súper recomiendo. R. dos Remédios 111, Barrio Alfama.

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