Pulpo, colinas y sardinas en Lisboa

Día 1. Pulpo. Un pulpo asado, con un toque de aceite de oliva y papas horneadas. Apenas aterrizamos en el aeropuerto con la Cata –partner en crimen– ambas sabíamos que queríamos comer. Y rápido. Pero Lisboa castiga a aquel que apurado llega a sus tierras. Le pone obstáculos. A veces lluvia, filas, pero siempre, siempre pone interminables e empinadas escaleras o subidas. He allí su apodo, lindo en concepto, terrible en la práctica, “la ciudad de las siete colinas”.

Para TIPS, ir al fondo de la página.
Las fotos hermosas y bien tomadas son de la talentosa @catachuaqui

Podría describir en todo este texto el enorme trauma que fue llegar a nuestro Airbnb. Tuvo todo los elementos para armar una novela de drama/terror/acción. Ya saben, dos jóvenes aventureras pero con mal estado físico llegaron al centro de un lugar desconocido. Sin saber que hacer, pusieron la dirección de su posada en el GoogleMaps, la cual con sorpresa reveló que estaban a tan solo cinco minutos. Ellas, confiadas, agarraron sus pesadas pertenencias de casi 23 kilos cada una, sin saber lo que les esperaba. Caminaron y caminaron…hasta que todo se volvió negro y Stephen King comenzó a narrar este episodio. Un episodio lleno de sudor, lágrimas, miedo y enojo. Una calle empinada, perros aullando y gente que se asomó sonriendo entre las sombras. Una puerta con código, una pieza violentada y pequeñas misteriosas escaleras. Un piso. Dos pisos. Tres pisos. Cuatro pisos. Esta historia termina con las dos jóvenes sin habla, deshidratadas y energéticamente devastadas. No llegaron bonitas. No sonrieron por horas.

Pero el hambre resucita, dicen. Llegué a esta ciudad dispuesta a engullir toda aleta, tentáculo y concha (já) disponible. Lisboa es perfecta para los que como yo aman todo lo que viene del mar. Sus restoranes tienen escaparates con los pescados más grandes que me ha tocado ver. Bacalao, pulpo (mi meta) y, sobre todo, la sardina. Oh, la sardina.

Entre Lisboa y la sardina hay algo. Algo grande, importante, duradero y, por decir lo menos, excéntrico (ejem, raro). Lo llaman “el caviar portugués”. Este curioso amor tiene su frutos, y uno se los topa en los momentos más inesperados.
Era de noche. La Cata admiraba la calzada portuguesa de la Praça do Rossio cuando una luz roja nos llamó la atención. Su iluminación palidecía todo lo que estaba a su alrededor. Nos acercamos como dos abejas a la llamativa tienda. Dentro había un gran trono, un tubo blanco con rojo que hipnotizaba con sus giros e incontables latas. Pensé que vendían caramelos. Pero no. En su interior se ocultaba algo más misterioso, salado y con ojos: sí, latas de sardinas. Ciento de ellas, azules, verdes, rosadas, amarillas, etc, se apilaban en perfecta simetría. Pero no solo eso. Además de rodear el lugar, estaban ordenadas por año. Desde 1916 hasta el año actual. Abajo del año estaba escrito un resumen de 4 líneas de lo más notorio de la época.

Sin entender muy bien le pregunté a la vendedora que qué hago allí, que por qué hay latas y cuándo ocurrió esto. Sonriendo me dijo: “Bienvenida al Mundo Fantástico da Sardinha Portuguesa, aquí tenemos la mejor calidad de sardinas enlatadas. Puedes elegir tu año de nacimiento, el de tu mamá, papá, hermanos y perro y darles un regalo único, invaluable y típico de acá”.

Su voz abrió mis ojos y sin notarlo me metí en el círculo vertiginoso-sardínico de la tienda. Vi fechas, empecé a acumular como loca las latas en mi mano hasta que me miré en uno de los espejos y pensé: ¿En serio? ¿Vas a seguir el mes de viaje con 2 kilos más por llevar 5 latas de sardinas que además te van a costar las risas de los encargados de aduana en tu llegada a Chile?. Solté todo y con la Cata nos fuimos, sin mirar atrás. Eso sí, el lugar aún aparece en mis sueños.

Ya alejadas volvimos a activar nuestro radar contra la hambruna. Horas ya que queríamos comer. Revisando aplicaciones (ya bueno, TripAdvisor) surgió el restorán “El Rei D. Frango”. Me guié por las fotos y las de su pulpo eran las más ñam de la zona. Subimos las pertinentes colinas, escaleras y por su puesto, nos topamos con una fila. Nos pusimos detrás de un grupo de españolas, que nos miraron un poco feo cuando logramos pasar tras solo 15 minutos porque éramos dos. Ellas esperaron 40. La Cata no come delicias marinas y el lugar también tenía bife, a si que nos calzó perfecto. El lugar era pequeño, no más de cinco mesas, sencillo y con los cocineros a un metro de ti preparando los manjares.
Comí un Polvo á Langeiro con vino blanco, la Cata bife con arroz y frijoles y de postre compartimos una torta de crema que no puedo creer que no voy a volver a comer en mi vida. Se llama Bolo de bolacha. A veces una lágrima solitaria huye de mis ojos al recordar que ella y yo estamos tan, tan lejos.

De regreso al Airbnb tratamos de encontrar un atajo, un camino plano, un mísero ascensor. Pero en Lisboa no hay vuelta corta. Solo grandes colinas hasta su cima.

 

Para ver cómo estuvo el día 2, click aquí

TIPS

Aeropuerto Lisboa – Centro (Baixa-Chiado):

  1. Puede tomar el Metro. Linha Vermelha es la última estación de la línea roja y llega al aeropuerto. Parte desde las 6.30 am hasta las 1 am. Hay que comprar una tarjeta Viva Viagem (€ 0,50). Es recargable. El primer trayecto desde el aeropuerto sale € 1,95, después € 1,45 por cada trayecto, por 1 hora. El de 24 horas sale € 6,15.
  2. El Bus. Está el 705, 722, 744, 783 y 208 (autobús nocturno). Acá también se usa la tarjeta, pero puedes pagar en efectivo. Sale € 1,85. OJO, que puede ser que si vas con mucho equipaje, no te acepten. El que sí acepta es en Aerobus, está la línea 1 que va hacia el centro y la 2 al distrito financiero. El ticket de 24 horas cuesta € 4,00.
  3. Taxi. Fácil y rápido. Cuesta aproximadamente € 15

Estadía: Pausada de Santana. El lugar es lindo. Tiene una sala común grande, colorida y amena. Una cocina limpia y amplia. A nosotras nos tocó una habitación en el último piso, por lo que el techo era una diagonal que podría haber atemorizado a personas muy altas. Y claro, muchas escaleras para llegar, además de la “ligera” empinada de unos 10 minutos que si no tienes estado físico, es para sufrirla. Dos personas €18 aprox. Calçada Santana 164.

Comida:  “El Rei D. Frango”. Calçada do Duque 5.

Advertisements

One thought on “Pulpo, colinas y sardinas en Lisboa

Add yours

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

Blog at WordPress.com.

Up ↑

%d bloggers like this: