Escote: la vergüenza femenina

Revelaré una verdad que pocos saben. Algo que creí jamás me atrevería a admitir. Pero hoy desperté con ganas de revolver el gallinero, a si que LO DIRÉ: odio el escote. Odio esa pequeña, mediana, y no tan mediana revelación física que muchas mujeres eligen hacer. Odio cuando permiten que se les escape un borde del sostén, incluso cuando muestran una tira o cuando usan transparencias. En serio, o sea, a parte de ser medio ordinario, es peligroso y te hace merecedora de muchos apodos, entre ellos -el más recatado- el de DE-SU-BI-CA-DA.

Partiré hablándoles a ellas. Sí, a ti, a la desubicada. Te quiero decir que aún estás a tiempo de corregir tu actitud. Es más, yo en algún momento de mi vida fui como tú: usé poleras y vestidos con un corte en V que daban infarto incluso a la comunidad del arcoíris. Pero tuve suerte y a lo largo de mi vida recibí tantos comentarios que pude entender el por qué estaba en ese grupo cada vez más repleto de desubicadas.

Primero, tuve un papá que me guió. Su amor, cariño y libertad me permitió descubrir que las mujeres PROVOCAMOS. Recuerdo una linda y calurosa tarde, ambos almorzábamos en el segundo piso de un restorán, y vimos cómo una mujer -de unos treinta y cinco- caminaba con unas bolsas hacia su auto. Tenía un vestido blanco, cortito, bien ajustado. “Le queda regio”, pensé. Mi papá observó y dijo “esa quiere puro que la…”, y me miró y se rió. Y yo me reí y sorprendí a la vez: cómo podía mi pensamiento estar tan equivocado de lo que el encargado de mi educación e integridad mental y física creía.

Segundo, tengo hermanos. Como son todos mayores, se me abrió un abanico de ejemplos que no muchos tienen en su vida. Soy afortunada. Uno de ellos, siempre que iba a un asado a su casa me decía, “¡pero mira ese escote, tápate!”. Una broma entre hermanos, obvio. Con el tiempo, y mientras crecía descubrí que la vida siempre iba a ser un poquito más difícil para mi: soy pechugona y eso llama la atención. Mi familia, menos mal, me hizo darme de cuenta de eso porque al final del día, tengo que ser mucho más cuidadosa que cualquier mujer porque cualquier desubicación mía, es mucho más terrible.

Tercero, tuve amigos que me aconsejaron sabiamente. Siempre estaré agradecida a una amiga que me dijo algo que me abrió los ojos más que las dos cosas anteriores. Me dijo: “yo usaba escote, pero ahora ya no. Es que piensa que cada vez que una usa algo que muestra más de lo necesario, o no tapa bien lo que tiene que tapar, a una la pueden usar para lo que quieran en su imaginación, y en el fondo uno le da permiso porque le dio el material”. Eso fue como un balde con hielo granizado. Se me coló en cada rincón de mi cerebro porque es TAN CIERTO. Sentí que con cada mini, cada short y cada corte en V, me estaba ofreciendo a lo que fuera, a quien fuera porque al final, obvio, es mi responsabilidad que la gente, que los hombres, no me deseen, ni me imaginen, ni me miren si no quiero.

Desde allí que cada vez que compro algo priorizo una prenda que me cuide, que me tape, que sea responsable, incluso cuando no me queda tan bien -como soy pechugona, la cosa se complica a veces, porque ¡todo me queda atrevido!-, es más caro y más incómodo y menos fresco, pero me siento más segura, libre de comentarios y protegida de sacar el depravado interior que todos los hombres tienen.

Ahora, insisto, yo tuve suerte. Tuve un papá, hermanos y amistades que me ayudaron a mantener mi integridad, pero sé que hay mucha injusticia y no todas pueden decir lo mismo, y estarán caminando y siendo tildadas como desubicadas quizás hasta que mueran. Quizás por sus mejores amigos, quizás por sus parejas. Y me da pena porque no saben, y es por eso que creo necesario hacer un llamado a todos, especialmente a los hombres, a que nos ayuden. Sé que nos ayudan cada día, cada hora, cada segundo, pero a veces son muy sutiles y no podemos captar el mensaje. Los “qué veraniega”, o “vas a salir con eso?”, “¿no te va a dar frío?”, “Y eso, es así no más?”, NO SON SUFICIENTES.
Díganos, en serio: “oye en verdad creo que estás demasiado escotada como para salir, creo que vas a llamar demasiado la atención, te van a mirar mucho, tu dignidad y respeto están en juego”, o “te pasaste con esa faldita, ¿no crees que estás provocando mucho?, después no alegues si te agarran el poto o te pasa algo más”. Sean hirientes si es necesario. Y OJO que en verdad muchas mujeres -por no decir todas- no tenemos muy buen criterio. O sea, en verdad no sabemos reconocer en qué momento ir con ropa más formal, menos formal, más corta o más larga. ¡Si somos muy pavas!. Un pelín tontinas, me atrevo a agregar. Deberían hacernos un manual de vestimenta y el Gobierno debería financiarlo. ¡Imagínense a cuánta desubicada salvaría!.

Si esto que leíste te molestó, perturbó, incomodó y te provocó hasta ganas de insultar…¡te felicito, pues YA SOMOS DOS!.
atte. Una mujer muy DE-SU-BI-CA-DA.
(Escrito originalmente en mi blog www.momentodecuentos.blogspot.com, 2015)

 

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