Abúrrete de decir no

Dime que no, para que piense en ti y me digas que sí (o algo así es la famosa canción). Todos los días tienen momentos en los que uno quiere hacer algo, y no puede. A veces por culpa, a veces porque es desubicado, a veces porque sería muy loco o simplemente porque es irracional y te pueden mirar feo. Todos los días hay algo que queremos hacer, y no podemos. ¿Te dio lata levantarte? pena, tienes trabajo. ¿Quieres hacerte un milshake de nutella?, pena, tiene muchas calorías y ya llevaste ensalada de almuerzo. ¿Encontraste mino a ese tipo que va paseando a un cachorrito? pena, no se conocen, nunca le has hablado y qué plancha mirarlo. Más penoso que te digan que no, es que uno mismo se lo diga todo el día.

Este post no es tampoco para hacer la revolución y activar el chip gorila. Es una simple y humilde reflexión sobre lo que nos “castramos” de hacer día a día. Creo que estamos muy tímidos, un poco golpeados me atrevería a agregar, y es terrible porque el instinto está con nosotros cada segundo: hambre, sed, dormir, cositas malas, cositas buenas, reír, llorar. Y está allí, latente y uno tiene que decirle “oye, para con la tontera, cómo vas a ponerte tus lentes de sol en medio de la jornada laboral para tirarte al pasto y dormir?” “¿cómo vas a ser tan irracional de detener la bici y decirle a esa señora que te miró con repudio por pasar cerca de ella, que no puede ser tan amargada, que porfa vaya a copetearse un rato y aprenda a usar Tinder para que aprenda a poner otras caras?” o parar en seco a alguien que te está contando algo MUY, pero MUY fome y que en verdad cada palabra está succionando segundos de tu valiosa y escurridiza juventud.

He decidido ponerme en campaña #MilVecesSí. Estamos demasiado “polite”, muy complacientes y poco arriesgados. Ojo, que no estoy incitando a ser mal educados. Igual no me voy a bajar de la bici a decirle a la señora que su expresión le acentúa las patas de gallo. No. Pero sí me voy a atrever más -sí, aún más- a dejar que fluya la espontaneidad, a olvidarme de la poker face, a preguntar sin hacer un espectáculo de rodeo mental, a elegir la respuesta honesta por sobre la cordial, proponer más y negarme menos, y a no decir que no, cuando quiero decir sí, y a no decir que sí, cuando en verdad quiero decir no.

(Escrito originalmente en mi blog www.momentodecuentos.blogspot.com, 2015)
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