La noche y los che

Dulce noche. Noche dulce. Pasar un fin de semana en Buenos Aires para muchos es sinónimo de locura. De excesos. Sexo, alcohol y drogas. Y sí, la verdad es que puede ser un poco así. Depende de ti. De tus valores. Pero como yo no tomo, ni hago esas otras cosas malas que nombré, diré otras cosas que he aprendido viviendo en esta ciudad que, dicen, nunca duerme.

El alcohol colectivo. Aún no sé si reír o llorar. ¿Saben que los argentinos tienen la costumbre de pasarse el mate entre todos los presentes y compartir así lindos momentos?, bueno, con el alcohol la historia es casi igual.
Todavía recuerdo esa vez que junto con otros dos extranjeros igual de perdidos que yo compramos un vodka rico. Pero RICO RICO. De ese que hasta le pones un limón por lo fino y rico que es. Un vodka para los tres en nuestra primera junta con los compañeritos de clases pronosticaba una noche de esas que tus padres temen que experimentes. Pobre de nosotros, inmigrantes de otras tierras, que pensamos que nuestro único brebaje sería ese Absolut.
Duró diez minutos.
Debí sospechar que había algo raro cuando los compañeros dijeron “oh, trajeron vodka del bueno, qué copados que son. Partamos con ese!”, y lo colocaron en una mesa en medio de un par de Fernet y cervezas. Y allí, frente a nuestros shockeados ojos, sacaron siete vasos, echaron hielo y evaporaron nuestro alcohol. Gracias a Dios soy de reacción rápida: me atraganté con mi vaso y me serví el segundo al tiro.
Eso del alcohol colectivo es re lindo, con bases revolucionarias. Creado por idealistas. ¿Yo?, bueno, ya dejé el vodka, el pisco, la champaña…y me hice amiga del litro de Quilmes, Stella y del vino mendocino de 50 pesos. Claro que al final terminas tomando un poco de todo y al día siguiente no entiendes por qué te sientes “un poquitín mal”, si a final de cuentas tomaste solo dos copas de vino, dos vasos de Fernet, tres vasos de cerveza y sus ocasionales shots de tequila.

Los boliches. Lo resumo: NO HAY NADIE ANTES DE LAS 3 DE LA MAÑANA. Al principio puede ser un poco abrumador. Ligeramente agotador. En mis tierras al menos a las 3 ya estás haciendo el baile del caño y las piruetas respectivas. A las tres am la noche está en su punto máximo…después ya es una declive. Pero no acá. Oh, no. Acá las mujeres tienen su maquillaje intacto, el peinado formado y la pila llenita, llenita. En teoría los pies no deberían dejar la pista hasta por lo menos las 6 am. El primer boliche al que fui lo logré: bailé y bailé, traté de no mirar la hora, seguí bailando, hasta que tipo 6.30 la cosa se empezó a apagar, me fui a mi casa, me saqué los tacos y… pasé dos días sin caminar. Nunca más volví a pisar un boliche con tacos (sí, voy con zapatillas o botas cómodas, jódanse) y aprendí que hay que tener mucho cuidado con la previa si uno quiere lograr terminar con éxito la noche y no morir, indigna, a mitad de camino.

Los argentinos. Voy a plantearlo así: cuando anuncié en mi pueblo que me venía para Buenos Aires el 99,9% dijo algo así: “AY WEONA ES QUE TE VAS A ENAMORAR, SON DEMASIADO MINOS, RICOS, SIMPÁTICOS, Y TE VAN A COCINAR LOS TREMENDOS BIFEEEES”. Y yo, sí, me emocioné. Me encargué de venir bien, pero bien solterita y con mi corazón preparado para conocer ese gran amor argentino que me iba a despertar con su risa, su “qué linda que sos”, “chilena divina”, “che, te preparo la merienda” y que sé yo que más. Ahora, lo que diré es y siempre será a TITULO PERSONAL pero…habría sido más suave el golpe si me hubiera arrollado un colectivo, mordido un perro y caído el Obelisco encima.
A ver, mujeres del mundo (y hombres), tampoco quiero ser injusta. Dicen por estos lares que hay dos tipos de argentinos: los porteños (de la capital) y los del interior. Los primeros tienen fama de arrogantes, lanzados, despreocupados, o sea, unos pelotudos, y los del interior en teoría son todo lo contrario o por lo menos más caballeros, menos alzados, etc, etc. Más dignos de ser presentados a la mamá. No indagaré en mis experiencias pero hasta el momento (siete meses y contando…) debo decir que perdón, discúlpeme la molestia, pero no gracias.
Quiero aclarar que esto lo comento en relación a los argentinos como pareja, amantes, peor es nada, tira amigo… porque si usted los quiere para establecer amistad, conversar de la vida y compartir un vinito, puta que se pasa bien: son coquetos, siempre tienen tema, el 1% tiene problemas de timidez y son apañadores. Allí una le ve todo lo lindo que son. ¿Recomendación para esas noches de pena y soledad?: por cada 2 argentinos que conozca, hay 3 extranjeros. Dejo el dato no más.

Cómo conquistar a un che, parece ser un arte. Un arte donde la mujer es la que maneja el pincel, compra las pinturas, hace el cuadro y después lo vende, y es que pareciese que acá la que hace todo el trabajo duro somos nosotras. Bueno, las argentinas. Después de ciento de conversaciones (sobrias) con amigas de toda latinoamérica, concluimos que la desilusión con los che es porque acá se vive un mundo al revés, en el que una es la que hincha las pelotas, la que llama, la que busca panoramas, la que se lanza, la que quiere…y ellos, bueno, se dejan querer. El che es así: se te acerca, te chamulla, te dedica sonrisitas, piropos, un besito por aquí, por allá y el resto es para mayores de 18. Fin. Una perfecta noche viendo el Rey León. Si quieres eso, welcome to heaven. Ahora, ¿quieres ir por un helado? ¿cine? ¿pasar un rato tranqui en un bar sin mayor expectativa? ¿Ver otra peli que no sea el Rey León?, ándate, huye a otra ciudad o ponte tus mejores tacones, vestido y derechito a una larga y poco segura conquista para sacar al che de su zona segura de “si te he visto, no me acuerdo”.

Un último datito que me gustaría agregar: los cuarentones.  Nunca vi “señores de cuatro décadas” más divinos, ricos, hermosos, bien mantenidos y seductores como acá. No sé qué comen, qué hacen, cómo lo hacen y con quién lo hacen pero por favor manden la receta a los chilenos que están despidiendo sus treinta para poder empezar a ver ejemplares así caminando por Santiago y sus alrededores. Creo que ya no lo hice, pero si me hubiera enamorado acá, habría sido -y lo digo sin reservas- de un cuarentón.

(Escrito originalmente en mi blog www.momentodecuentos.blogspot.com, 2015)
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