Planificación cero

No puedo recordar qué iba pensando, exactamente, en el avión. Sí sé que era una mezcla de pena por las despedidas, ansias, expectativas, temor, pesimismo, optimismo, dudas y también varias certezas. Irse es un momento de confusión extraño. Obvio que hay personas que se estampan una sonrisa tipo “ay estoy feliz, segura y esta es la mejor decisión de mi vida”, pero me atrevo a afirmar que TODOS al dejar sus tierras por un tiempo indefinido (cuando me fui no sabía cuándo iba a volver) tienen un porcentaje interno de inseguridad.

Cuando saqué mi maleta del último scanner -la aduana argentina, que pucha que es rigurosa y difícil de pasar- y me golpeó ese aire medio húmedo y caluroso que hay en marzo, me sentí indefensa. Pequeña. En un mundo extraño. Mi profesor de actuación una vez dijo que nosotros, los extranjeros, al principio somos como niños: vemos todo con ojos de corderos, nos movemos como OVNIS por las calles y nos asustamos como cachorros ante cualquier imprevisto. Llegar tarde o de frentón no aparecer, no es extraño, por mucho GPS, Google Maps que uno tenga: UNO SIEMPRE, SIEMPRE SE VA A PERDER. (Bueno me pierdo hasta en Santiago a si que igual hay niveles para cada persona).
Vas a pagar de más por algunas cosas. Yo planifico mis viajes, pero justo cuando decido irme a vivir a otro país me voy por la tangente de “yaaa, si al final allá igual me las voy a arreglar”. Entonces pagas el triple por el transporte que te deja del aeropuerto a tu dulce nuevo hogar, porque obvio, uno, ingenuo, no averiguó que hay una empresa que tiene buses que te llevan por muucha menos plata (Tienda León) y cómo eres un ternero aterrorizado de la delincuencia, los abusos y todas esas cosas que te meten en la cabeza los medios (esos malditos medios!) te subes al taxi más acreditado que encuentres y aún no has desempacado y ya tienes medio riñón menos.
Consejo: Si vas a B.A, trata que tus vuelos lleguen a Aeroparque, no a Ezeiza.
Hay una cosa que hay que asumir: YA NO ESTÁS EN TU CASA. Eso puede ser bueno o malo, depende de cómo sea tu verdadera casa. El tema es que hay que saber que siempre, siempre, se termina con un roomate. O con con más de 2 roomates. Roomate sobre los roomates.
Mencioné que me vine en modo “ligth”, vi lo esencial pero opté por ir tomando decisiones en el camino, bueno, así lo hice con el arriendo del lugar. Dije “obvio que buscando por internet me van a meter muchos pi… cosas desagradables en el ojo, a si que reservaré algo por una semana y buscaré estando allá”. Creo que esta opción no es para todos. Es más, es para pocos. Necesitas kilos de paciencia, respiraciones de índole Bikram Yoga, y muchas miradas al cielo implorando por esperanza. Gracias a mi elección los primeros tres meses viví en cuatro lugares distintos. Y ni siquiera estaban por el mismo sector. Tengo unos músculos maleteros increíbles.
LUGAR N·1: Lo encontré por Airbnb. Me quedé como dos semanas. Casa de dos pisos en Belgrano. Arrendaba pieza una francesa y el dueño era un argentino de unos 27 años. Dream come true. Historia: toqué el timbre. Toqué. Toqué. Me estresé. Grité “aló”. “ALÓ!!!!”. Pensé que mi aventura había partido con  una estafa y cuando ya estaba a punto de arrancarme los pelos de las cejas, apareció alguien a buscar algo al living (el que podía ver porque la ventana estaba abierta). OYE TÚ!!!!!!”. Así, por fin, me abrieron. Tenían una pequeña tertulia en la azotea entonces, por su puesto, no me escucharon. Entré, me calmé y felizmente me sumé a la junta, comí pescado, queso, tomé vino y toda mi aventura cobró sentido de nuevo. ¿Por qué me fui? es una larga historia pero involucra mi pánico a los bichos, un gato que me profesaba amor de manera extraña, y una invasión de cucarachas voladoras. Sí, lo que leyeron.
LUGAR N·2: Lo encontré por Creiglist (todo el resto de los lugares los encontré por http://buenosaires.craigslist.org/). Me quedé como tres semanas. Departamento con cuatro piezas y una cocina. Arrendaba con una pareja de venezolanos, un francés aventurero que viajaba y se quedó más tiempo en argentina porque adoptó una perrita para que lo acompañara y la dueña, una argentina. Todos jóvenes. También, pareciera otro dream come true.
Historia: Tenía una pieza grande, con cama de dos plazas, un pequeño balcón y hasta un televisor. La dueña me confesó que era obsesiva por la limpieza y yo, que venía de un trauma producto de las malditas cucarachas voladoras, abracé su obsesión (que yo no tengo, pero esas cosas se omiten, no?). Había buena onda con los roomates, perros correteando ocasionalmente por los pasillos, noche de domingo viendo películas en la azotea con vino. Todo volvió a encajar de nuevo. ¿Por qué me fui? la dueña declaró orgullosa ser una mujer con un problema de bipolaridad, y me subió el arriendo de la pieza. A empacar maletas.
LUGAR N·3: Me quedé un mes (récord). Departamento familiar donde vivía madre e hija, y arrendaban una pieza a un coreano. Mi pieza era pequeña, con una cama de una plaza, pero el departamento era grande. Lejano al dream come true, pero quería irme rápido del otro lugar.
Historia: Es la más fome y trágica. Hacía mis cosas en el comedor porque no podíamos ir a la sala de estar ya que era de la “familia” -no sé porque acepté un lugar que me condicionó partes del departamento-, socialicé a un nivel muy formal con la familia, y muy escaso con el otro arrendatario. ¿Por qué me fui? encontré un lugar más barato y mejor ubicado, la dueña me maldijo 7 años por irme, se quedó mi garantía y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
MI HOGAR FINAL: Eché raíces, al fin, y sigo allí. Tengo una pieza grande, cama de dos plazas (descubrí que para mi es MUY importante) y comparto departamento con una argentina diez años mayor, pero con más energía que yo a mis 18. Historia: Si bien me habría encantado encontrar un lugar con mi pieza privada y compartir un espacio amplio con otros roomates, y salir con ellos, y hacer fiestas y vivir esa fantasía de súper amigos-roomates, bueno, no se me dio esta vez, pero encontré una mina tranquila, con la que tenemos una relación de buena onda. Aparecen cucarachitas tarde mal y nunca. Tengo al frente una construcción que hizo que mis oídos se volvieran inmunes a los taladros a las 7 am. Y como ella sale harto, a veces es como vivir sola. Cero fantasía, pura realidad.

Reconozco que por mucho que ame la independencia de vivir sin la familia, debo admitir esto: no hay nada como la cama de uno. Camita, yo siempre te extraño. Te mando besitos desde este post.

(Escrito originalmente en mi blog www.momentodecuentos.blogspot.com, 2015)
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